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  • Oscar Fuentes Arquitectos

Yo alumno / Yo arquitecto

Actualizado: ene 22

Por Oscar Fuentes


Tomé la decisión de estudiar arquitectura muy pronto y por razones que me son esquivas: no había en mi familia ningún arquitecto, y al único que escuché definirse como tal para cuando lo decidí era un personaje de ficción, David Vincent (de la serie Los invasores, como muchos recordarán). Por lo que me gusta creer que él es la razón de mí decisión, ya que es el único arquitecto al que se puede definir como verdaderamente heroico.

Como estuve convencido de mi futura profesión desde muy chico creí que lo mejor era estudiar un secundario técnico, y así llegué a la facultad como Maestro Mayor de Obras. Nunca tuve claro si esto me ayudó o no en la carrera, pero sí creo que fue importante ya que me acercó a lecturas de arquitectura que fueron decisivas para mí a una edad temprana. Leer Hacia una arquitectura a los quince años tuvo tal impacto en mí que nada fue igual a partir de ahí.

La fecha de entrada a la facultad fue también algo determinante. En el año 1979 yo estaba todavía en el servicio militar y la facultad de la dictadura era muy fuerte no solo en el perfil sesgado de la formación sino especialmente por el clima represivo. Con respecto al perfil, la formación fundamentalmente técnica que se impartía por aquel año reforzó ciertos gustos que traía de mi secundario. El simposio de prefabricación de una semana completa que se dictó en el ’79 marcó ciertos intereses que me duran hasta hoy. La experiencia que recuerdo de aquellos años era la de encontrar más curiosidad e intereses intelectuales en mis compañeros que en mis profesores. Esto también hizo que buscara fuera de la facultad toda experiencia de aprendizaje posible. La crisis económica de los primeros ´80 hizo que esto no fuera posible encontrarlo en estudios de arquitectura.

La expectativa en 1982 de la vuelta de la democracia y de mejores profesores hizo que dejara algunas materias en 1983 para así pude cursar con el arquitecto que más me interesaba en aquel momento: Tony Diaz. Yo ya lo conocía ya que había pasado en un concurso por su estudio y cursar Diseño Arquitectónico 4 con él en 1984 me permitió no solo tener una experiencia intensa de aprendizaje en la facultad sino también trabajar en su estudio de forma permanente y pasar lo que considero el momento más formativo para mí de aquellos años. El clima de debate y discusión de arquitectura en ese departamento de Diagonal Norte marcó en mí ciertos intereses y búsquedas que me siguen hasta hoy.

La salida de la facultad fue bastante traumática para mí, no eran años en los que hubiera oferta local de postgrados, muchos compañeros se iban del país y no había un clima en el que fuera sencillo insertarse profesionalmente. Así que pasé algunos años con trabajos que no me satisfacían. Hasta que después de un par de años intenté ver si podía encontrar un ámbito en el estudiar fuera del país. Recorrí Universidades gracias a amigos que estaban estudiando fuera del país, pero la falta de oferta de becas y mis nulos recursos económicos hicieron que me decidiera –de una forma irresponsable- independizarme. Los primeros años fueron de trabajos absolutamente menores y de simple subsistencia, pero una oportunidad surgida gracias a un compañero me permitieron llevar adelante la que fue mi primer obra: la Fundación Banco Patricios, el reciclaje de la original Casa Moussion, un edificio de Hugé y Colmegna de 1912 en la esquina de Callao y Sarmiento. Un centro cultural de 6000 M2 con salas de exposición, teatros, micro-cine, bar, oficinas y todo lo necesario para una institución cultural privada. Esta experiencia se superpuso con otra de carácter más extraño pero que tiene que ver con mi primera formación: un trabajo de diseño industrial para una empresa de iluminación muy importante por aquellos años, Luxsa. La invitación de parte del dueño de esta empresa a diseñar un sistema completo de baja tensión revivió ciertos intereses técnicos muy específicos que yo tenía y no solo fueron una experiencia en si misma muy importante (el trabajo en equipo con personas con saberes muy técnicos, la extrema precisión en las definiciones) sino que pudo combinarse con la obra de la Fundación ya que el primer prototipo de los diseños del sistema de iluminación se hicieron para el centro cultural. Estas dos experiencias que corrieron en paralelo durante cuatro años fueron muy importantes en mi trabajo posterior y fueron llevadas adelante en el marco de trabajo de estudio con dos compañeros de estudios que se completó con varias obras y sobre todo una que es una de las más grandes hechas por mi hasta ahora, el Dock 8 de Puerto Madero. Esta obra fue muy importante por diversas razones, el tamaño y complejidad de la obra, el trabajo con otros tres estudios de gran experiencia me dieron una gran perspectiva de que quería y no para mi desarrollo profesional. La decisión posterior de llevar adelante mi carrera profesional solo, sin sociedades fijas, fue clara consecuencia del clima de trabajo que vi en esta obra, donde las decisiones eran más resultado de una negociación entre las partes que de una opción técnica o estética. La elección de trabajar solo fue la decisión de tratar de encontrar las obras con las que me sintiera cómodo y construir el vínculo con los comitentes que yo pudiera lograr para llevar adelante lo mejor posible las obras. Fue así que fui construyendo pequeñas obras, logrando ganar algunos concursos que redundaron en contratos e invitaciones cada vez más interesantes o al menos concordantes con mis intereses. Así llevar adelante el Parque Central de Mendoza (con Daniel Becker y Claudio Ferrari) gracias a un concurso o el Parque Hipólito Yrigoyen de Rosario (con Mariel Suarez, Rafael Iglesia y Pedro Aybar) gracias a una invitación a partir de la experiencia del primer parque, fueron dos experiencias profesionales –por su escala, carácter público y temático- extremadamente importantes en mi trabajo posterior. También son muy especiales en mi trabajo ya que son las dos únicas obras públicas que llegué a realizar.

Este año se cumplen 30 años de mi egreso de la FADU, conseguí tener continuidad en mi estudio, mi trabajo es por suerte variado en escalas pero quizá no en temáticas, trabajo para poder acceder a encargos diferentes evitando la especialización a la que pareciera que todo el resto del mundo quiere llevar a los profesionales. El desarrollo de vivienda en diferentes densidades es el modo más sencillo de acceder a la obra propia y no es fácil salir de esa lógica.

Finalmente debo decir que este desarrollo más específicamente profesional lo crucé con la búsqueda de construir un ámbito cultural específicamente arquitectónico desde mi práctica. La participación en grupos de debate y organización de actividades, donde el más conocido fue Paralelo 35 (con Ana de Brea, Luis Bruno, Fabián De la Fuente, Claudio Ferrari, Pablo Ferreiro, Adrián Sebastián y Marcelo Vila), la participación como colaborador permanente en revistas de arquitectura (1 en 100) y de cultura general (Otra Parte) o mi trabajo de 10 años en la organización de un espacio dedicado a la arquitectura en la Universidad Torcuato DiTella (primero en el CEAC, luego los Postgrados y finalmente en la organización de la Escuela de Grado) son parte inescindible de mi práctica profesional.


*En De alumnos y arquitectos. DAR (Dirección de archivos de arquitectura y diseño argentinos). Una historia de la enseñanza de la arquitectura a través de sus protagonistas. 1930-2000. UBA, Fadu. 2018.

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