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  • Foto del escritorOscar Fuentes Arquitectos

El Dock 8

Por Alfonso Corona Martínez



Este es un edificio nuevo, que reemplaza un depósito perdido. Su novedad es declarada por el color. El código obligaba a mantener un perfil y un perímetro en planta similares a los de los depósitos existentes. Esto produce un efecto inesperado: el volumen de un depósito “traducido” al blanco resulta ser un palazzo; se relaciona con los que enfrenta: la Aduana y el grandioso edificio del Ejército, creando la impresión de un nexo formal con el otro margen de la Av. Huergo. Mi calificación de palazzo no es enteramente arbitraria, puesto que su composición está dominada por un aparente piano nóbile cuyas aberturas abarcan los pisos 2° y 3°; el primer piso figura ser un mezzanino de la planta baja, y sobre los grandes ventanales de los pisos intermedios el cuarto piso duplica las ventanas del piano nóbile: finalmente, aparece un ático retirado, a partir del cual se inicia la evocación náutica que luego comentaré. El ritmo lento de los grandes ventanales, que continúa en los locales de la planta baja, confiere al edificio cierta dignidad monumental falta en los depósitos reformados, seriaciones indeterminadas con una relación de vacíos y llenos muy diferente, en la que predominan los paños ciegos.


El edificio, atípico, lo es también en sus espacios, proveyendo una interesante ejemplificación de las libertades proyectuales y determinantes tipológicas. Estas últimas se manifiestan, como en otros docks ya reformados, en la contradicción entre la profundidad del bloque y la función residencial. Aquí se ha decidido crear en casi toda la longitud del bloque una calle o patio central cubierto con un lucernario. Así el bloque se convierte en dos paralelos; esa es la vivencia interior. Y la calle cubierta se hace espacio protagónico. Uno de sus lados se expresa como la fachada hacia la calle, muro blanco con aberturas; el opuesto revestido en piezas de aluminio se quiebra en la media altura reforzando la idea de ligereza.


Se ha estudiado muy cuidadosamente la variación en vertical; en planta baja, el ingreso central se asoma a este espacio; un poco más arriba los puentes que van desde los ascensores a los departamentos que enfrentan el dique dan un ritmo pausado; se multiplican finalmente en el nivel superior formando un techo virtual. Hay discontinuidad de la “calle” en las plantas bajas. Se vuelve continua a media altura; se limita por los puentes del 4° piso; remata finalmente en el lucernario. Esta serie de variaciones impide que se convierta en un interior de Piranesi, y la identidad precisa de las variaciones colabora a la orientación de este espacio.



*En Revista Summa+ número 26, 1997.














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