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  • Foto del escritorOscar Fuentes Arquitectos

Edificio UIA. Catalinas Norte. Buenos Aires, 1968 / UIA Building

Actualizado: 12 abr

Por Oscar Fuentes


Si esta sección lleva como subtítulo fracasos ejemplares en arquitectura, este es un caso de un doble fracaso (y en uno de ellos no tan ejemplar). Los terrenos en los que se asienta el complejo de Catalinas Norte tuvieron una larga historia de uso como equipamiento del puerto primero y como parque de diversiones después, para llegar a un momento en el que fue desafectado de todo uso y el Estado decidió adquirirlo para iniciar un plan muy ambicioso. Este plan implicaba un proyecto de gestión mixta, con proyecto y retención de propiedad del suelo por parte del Estado (a través de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, cuya gestión en aquella época caía en un delegado del Poder Ejecutivo Nacional) e inversión privada, para el desarrollo de un centro administrativo de alta densidad. Este centro administrativo liberaría al centro de la ciudad de la presión inmobiliaria y a la vez le daría a esta una imagen característica al frente de la ciudad.

El proyecto del ente estatal encargado -la Organización del Plan Regulador de Buenos Aires, OPRBA- proponía un basamento unificado con acceso de puentes a su punto más alto (salvando así el desnivel del bajo porteño) y del cual emergían varias torres de variada altura. El basamento incluiría todos los servicios necesarios no solo para satisfacer las necesidades de quienes habitaran las torres (destinadas a oficinas y hoteles), sino además las necesidades no satisfechas por el centro porteño, permitiendo así una segura integración del nuevo sector a la ciudad existente. En el equipo de proyecto figuraban entre otros, Odilia Suarez y Clorindo Testa.

Todo venía muy bien, hasta que en 1966 llegó una de las típicas interrupciones constitucionales que solía sufrir la Argentina y la nueva gestión de la ciudad consideró que el Estado no debía participar del emprendimiento y se procedió a lotear el sitio, aplicándole una tibia normativa que intentaba (en vano) recuperar algunas de las aspiraciones de integración del plan del OPRBA: cada proyecto debía replicar la lógica de basamento y torre, ya sin puentes ni gestión unificada, solo se abrirían una serie de calles (mínimas) para facilitar el acceso vehicular y peatonal (ni las calles ni los basamentos exigidos lograron nunca resolver el problema de integración que tanto se temía) .

A parir del loteo se vendieron las parcelas resultantes, y una de ellas fue adquirida por la Unión Industrial Argentina (UIA) para trasladar su sede desde el edificio que poseían (y al que hoy volvieron) en la Avenida de Mayo. Este ente organizó un concurso público para el que sería el primer edificio del nuevo sector de la ciudad. El concurso fue foco de interés de todo tipo de arquitectos (nóveles y experimentados, de perfil profesionalista y consagrados culturalmente) y tuvo como ganador a la oficina Manteola-Petchersky-Santos-Sanchez Gomez-Solsona-Viñoly.

La propuesta ganadora se presentaba desde la memoria descriptiva con la aspiración de alcanzar tres metas: flexibilidad, aprovechamiento rentable y representatividad. Los primeros dos puntos los lograban con una ajustada planta de núcleo lateral (orientado al oeste) que contenía todos los servicios y las principales circulaciones, dejando para un sector de la planta (a un tercio del perímetro) un par de ascensores jerárquicos en coincidencia con una parte de la estructura principal. El tercer punto se aspiraba alcanzarlo con dos medios: primero con un trabajo de ajuste del desarrollo de la torre que evitara que el obligatorio basamento la volviera baja, para ello se evitó tanto que la torre emergiera del basamento, proyectando este a la manera de anillo incompleto como haciendo que la torre no se encontrara con el nivel cero, sino con un nivel más bajo, lo cual presenta a la torre más larga que lo que su altura implica. Por esta razón, incluso, el acceso debía hacerse desde un puente.

Segundo, se prolongaba la torre más allá de las plantas útiles de oficinas con un sector que las bases pedían como “Club de la UIA” y la memoria denominaba “Cápsula de esparcimiento”, esto es, el perímetro de courtain wall de la torre se prolongaba junto con la estructura principal (la que sostendría así el helipuerto pedido en el programa) y cerraba un espacio muy complejo de jardines colgantes, bandejas suspendidas, un espacio dedicado a la buena vida con excelentes vistas al río y la ciudad, y que potenciaban la imagen del edificio no solo por la prolongación de la torre, sino por la propuesta de colocar vidrios transparentes, los que harían visible al exterior todos los interiores, tanto de trabajo como de dolce far niente. La propuesta se potenciaba con la excepcional perspectiva dibujada por Rafael Viñoly, que sería por años su carta de presentación (aún hoy presenta en su página web este trabajo como su “primer concurso ganado” siguiendo fielmente con esa costumbre argentina de negar a sus socios en este logro) y que en ese momento era un estudiante de quinto año de 23 años.

La perspectiva muestra a la torre en su desarrollo total apenas fragmentado por el basamento permeable, con el núcleo opaco modulado por unos volúmenes de servicio articulados a la manera de los metabolistas (aunque de un modo un poco más cosmético: la típica fragmentación de las obras de este grupo se daba solo cada cinco pisos o de un buñado por piso). La transparencia de la piel propuesta deja ver no solo las rutinarias plantas de oficinas sino además los pisos destinados a las oficinas específicas de la UIA (las que comienzan a tener diferente sección que el conjunto) como el Club en el remate de la torre.

La torre se comenzaría a construir en 1970, y pronto comenzó a sufrir cambios. Primero se abandonó la definición del courtain wall propuesta por los arquitectos, ya que ni las medidas de aluminio ni los cristales transparentes se fabricaban en la Argentina, y no parecía una buena señal que la corporación de los industriales argentinos importara esos materiales que hacían a la imagen del edificio. Y después lo peor: se reemplazó la “Cápsula de esparcimiento” por más pisos de oficinas. Lo que había sido la carta ganadora de la propuesta del concurso se abandonaba. Esto le quitaba al edificio su gran singularidad y lo convertía en una torre que, si bien proporcionada con elegancia, ajustada en sus detalles y con una gran resolución del plano cero (que tan difícil es encontrar en una torre Argentina), la volvía mas standard que su proyecto original.

Por supuesto, uno puede imaginar razones económicas en la decisión: el tener más pisos de oficina aptos para el alquiler volvía a toda la operación más rentable y mejoraba los tiempos de amortización. A partir de ese momento, todas las grandes empresas de Buenos Aires aspiraron a radicar sus sedes en ese nuevo sector de la ciudad y la UIA no debía negárselo.

Pero por otro lado uno imagina que una propuesta de hacer visible a toda la población de una ciudad la buena vida de los “Capitanes de la industria” no parecía una buena idea. Tampoco se debe haber evaluado convertirlo en un espacio público (como en los principios del Siglo XX fue una costumbre), simplemente se eliminó. Las autoridades de la organización empresaria descubrieron que tanto metropolitanismo les podía costar caro (hasta la vida) y decidieron llevar su tiempo de ocio hacia las afueras de la ciudad, donde comenzaban a construirse los primeros Country Club, ámbito donde solo los podría ver una clase media ávida de mezclarse con ellos y que (por haber logrado llegar hasta ahí) de ningún modo les cuestionaría ninguna decisión.

Catalinas Norte siguió su ciclo, hubo varios concursos para empresas públicas (Aerolíneas Argentinas, SEGBA) que intentaban radicarse en el sector pero nunca desarrollaron los proyectos ganadores. Se construyó algún edificio notable como el Conurban y muchos anodinos. Otra oportunidad se había perdido en la ciudad de Buenos Aires.


*En Revista 1:100 número 45, septiembre 2013, pp 76-79.



***



Should this section be sub-titled as exemplary failures in architecture, this is a double-failure case (and one of them is not that exemplary.) The lands in which the Catalinas Norte complex is located had a long history of use as equipment of the port firstly and as amusement park afterwards, to reach a moment at which it was removed from use and the State decided to acquire it in order to start a very ambitious plan. This plan involved a mixed management project, with project and withdrawal of ground property by the State (through the Municipality of the City of Buenos Aires, whose management in such a time was vested upon a delegate of the National Executive Branch) and private investment, for the development of a high-density administrative center. This administrative center would free the city center from the real-property pressure and, at the same time, would give thereto a characteristic image to the city front.


The project of the state entity in charge –the Organization of the Regulating Plan in Buenos Aires, OPRBA- suggested a unified base with access of bridges to its highest point (thus saving the incline of the “bajo porteño” area), from which several towers of varied height emerged. The base would include all necessary services not only to meet the needs of whoever lives in towers (designed as offices and hotels), but also the needs not met in Buenos Aires downtown, thus allowing for a secure integration of the new sector into the existing city. The project team included, among others, Odilia Suarez and Clorindo Testa.


Everything was just fine, until 1966 when one of the typical constitutional interruptions Argentina used to undergo and the new management of the city considered that the State should not be involved in the undertaking, and started to divide the site into lots, applying mild rules seeking (in vane) to recover some of the OPRBA plan integration aspirations: each project should reply the logics of base and tower, as with no bridges or unified management, only a series of streets (minimum) shall be opened to facilitate the vehicular and pedestrian access (neither the streets nor the bases demanded never achieved to settle the integration problem which was so much threatening.)


From the division into lots, the resulting parcels, and one of was acquired by the Argentine Industrial Union (UIA) to move its venue from the building they owned (to which they have currently come back) at Avenida de Mayo. This entity organized a public bid for the building which would be the first one in the new city sector. The bid was an interest focus of any type of architects (inexperienced and experienced, of a professional profile and culturally consagrated.) And the Manteola-Petchersky-Santos-Sanchez Gomez-Solsona-Viñoly office was the winner.

The winning proposal was submitted from the descriptive memory with the aspiration to meet three goals: flexibility, profitable use and representativity. The first two goals were met with an adjusted side core plant (west-oriented) containing all services and main circulations, leaving for a plant's sector (to a third of the perimeter) a pair of hierarchical elevators matching a part of the main structure. The third goal was intended to be met with two media: firstly, with a work of adjustment on the development of the tower preventing the mandatory base to make it low. For such purpose, the tower was prevented from emerging from the base, projecting it as an incomplete ring as if the tower was not at level zero, but at a lower level, which features a tower taller than its own height. For this reason, the access should be even from a bridge.


Secondly, the tower was extended beyond the useful office plants including a sector the bases asked for as “UIA’s Club” and the memory called as “Relaxation Capsule,” i.e. the courtain wall perimeter of the tower was extended together with the main structure (which would support the heliport required in the program) and closed a very complex space of hanging gardens, suspended trays, a space targeted to enjoyable life with excellent views to the river and the city, which strengthened the building’s image not only because of the tower prolongation, but of the suggestion to place transparent glasses, which would make all the interior visible to the exterior, both of work and dolce far niente. The suggestion was strengthened by the exceptional perspective drawn by Rafael Viñoly, which would be for years his introduction letter (he even today introduces in his webpage this work as his “first won bid,” faithfully following that Argentine custom to deny his partners on this achievement) and who was then a 23-year fifth-year student.


The perspective shows the tower as totally developed, slightly fragmentated by the permeable base, with the opaque core modulated by a few service volumes articulated for metabolists (though in a more cosmetic manner: the works of this group were typically fragmentated only every after five floors or a handful per floor.) The suggested skin transparency shows not only the routine office plants but also the floors oriented to the UIA specific offices (which start to have a different section than their group) as the Club in the tower’s auction.


The tower’s building would start in 1970, and soon started to have changes. Firstly, the courtain wall definition suggested by architects was abandoned, as neither the aluminum measures nor the transparent crystals were manufactured in Argentina. In addition, the import of such materials making the building’s image up by the corporation of Argentine industrialists would not seem a proper signal. And afterwards the worst happened: the “Relaxation Capsule” was replaced by more office floors. The alleged bidding suggestion winning letter was abandoned. This removed the building’s great singularity and turned it into a tower which, while provided with elegance, detail adjusted and featuring a great zero plan resolution (which is very difficult to find in an Argentine tower), would be more standard than its original project.


Everyone may obviously image there are economic reasons for the decision: as it has more office floors suitable for renting, the whole operation would be more profitable and amortization time would improve. As from that moment on, all big companies in Buenos Aires aspired to set their venues in that new city sector and the UIA should not deny it.


However, to the other hand, everybody believes that a suggestion to make the enjoyable life of the “Industry capitans” visible to all city population did not seem to be a good idea. Its conversion into a public space should not have been evaluated (as used in the beginnings of XX century); it was simply removed. The corporate organization authorities found out that so much metropolitanism could cost them dear (even life) and decided to spend their free time outside the city, where the first Country Club started to be built, an environment where they could be only seen by a medium class eager to be mixed with them and whose decision (as a result of having reached there) would be in no way challenged.


Catalinas Norte followed its cycle; there were many bids for publicly held companies (Aerolíneas Argentinas, SEGBA) which sought to be located in the sector but never developed the winning projects. Some noticeable building as the Conurban and many anodynes was built. Another chance was lost in the city of Buenos Aires.



Translated by Josefina Lasheras



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