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  • Oscar Fuentes Arquitectos

CASA “T-L-I”. Austeridad tipológica como impronta de permanencia

Actualizado: ene 22

Por Felipe Uribe de Bedout


Una tipología que se presenta inteligente después de más de una década de concebida y que se intuye atemporal, siempre vigente o de presente perpetuo, constituye rasgo más valioso de esta obra.

No en vano escultores del espacio como el maestro Chillida han sabido centrar sus preocupaciones en el concepto del presente como límite y como tal protagonista de tiempo.

Si el presente es el protagonista del tiempo y el tiempo lo entendemos bajo la mirada del pragmatismo expuesto por Iñaki Ábalos en “La buena vida” el presente entonces es el lugar en el que se dan las experiencias cotidianas, el “hoy, ahora y aquí” que modelan el habitar.

Según Thomas Moore en “El Placer de Cada Día”: “La palabra habitar tiene una raíz que significa dar y recibir. Habitamos un lugar cuando le damos algo y estamos abiertos a recibir lo que él ofrece.”

Es evidente que para que se produzca un ofrecimiento que permita una experiencia positiva debe haber cierta unidad emocional y estética en la relación espacial y en el cierre o límite de la edificación para que se concentre la energía del habitante. Para ello se debe vencer una de las dificultades mayores a las que se enfrenta la arquitectura, establecer una comunicación efectiva entre aquellas cuestiones metafísicas que todo diseñador impregna en la obra y el habitante. Aspectos que el habitante no puede distinguir pero que sí siente, nociones que no puede tocar ni medir.

En el mundo del hogar la noción del sentir debe prevalecer por encima del comprender, al punto de que el habitante pueda quedar eximido de preguntas, que a menudo forzosamente se plantean algunos arquitectos como “qué significa esta forma”.

El hogar es un estado emocional, una construcción sentimental, un lugar en la imaginación donde moran los sentimientos de pertenencia, protección y memoria personal. Bajo una mirada existencialista, el hogar es también un lugar donde prevalece la vivienda de la realidad sobre el conocimiento de la realidad.

Según John Dewey “la primera consideración importantes es que la vida se despliega en un entorno; no meramente “en” sino a causa de él, a través de una interacción con él”. Aceptando esta premisa se reconoce que la experiencia no se puede desligar del encuentro entre el medio y los hechos cotidianos. Encuentro que sólo se precipita a través del juego de relaciones estimulantes entre los diferentes espacios generados por las plantas y secciones de la edificación planteadas por el arquitecto.

En el caso concreto de la Casa Dresl las líneas de la planta son austeras, conscientemente pensadas para interrelacionarse de tal forma que generan espacios por donde el aire circula libre, lugares que parecen respirar, hincharse y volverse a contraer, un instrumento de vida fluida. “La arquitectura es el aire que respiramos, pero un aire cargado de olores, de sabiduría, un aire transformado por eso mismo, por la arquitectura”, De la Sota.

Pero para darle soporte a las consideraciones conceptuales anteriormente esbozadas es necesario poner en evidencia las más significantes estrategias proyectuales de Fuentes:

  • Es una vivienda que se puede habitar bajo la noción de tres diferentes tipologías: La casa “T” cuando está abierta la puerta que aísla o esconde las habitaciones secundarias, la del acceso principal y la del comedor que da salida al porche; la casa “L” cuando está cerrada la puerta del pasillo de alcobas secundarias y la puerta principal y abiertas las del comedor –desayunador y la de la terraza del segundo nivel; la casa “I” cuando está abierta la puerta del pasillo de las alcobas secundarias y la profundidad total de la planta contemplada, una perspectiva que finalmente queda exenta de remates por la transparencia de los cerramientos de los costados.

  • Pero esto que parece una mera entelequia del abrir y cerrar puertas es sólo posible por la ingeniosa forma de incrustar a medias el volumen de la cocina dentro de la gran barra longitudinal y la extensión de su cubierta para convertirla simultáneamente en porche y deck en el segundo nivel.

  • El porche desestima la noción de portón principal y posibilita de esta forma tres accesos a la casa, por la puerta “oficial” de acceso, por la corredera de la cocina y la del comedor. Esto además le da un carácter de isla al volumen de la cocina-desayunador mediando entre el interior y el exterior de la vivienda otorgándole una doble personalidad de quincho. Esta hibridación evita esta pieza adicional muy anclada a la cultura local, que en muchas ocasiones acaba siendo una mini caricatura de la casa.

  • La ubicación de dos escaleras dispuestas en sentido contrario, una interior y la otra exterior, que en conjunción con las ya mencionadas aperturas, logran dinámica circulatoria de gran riqueza, apareciendo además una nueva puerta de ingreso en el segundo nivel. De esta forma ingreso-egreso se desdibujan en un recorrido continuo a la manera casi de una Cinta de Moebius. Esta sensación, de pasar de largo de nunca entrar para quedarse, se matiza un poco al interior de las habitaciones donde sus sillares prevén una intimidad acogedora.

  • Las variadas escalas y proporciones activan en el habitante sentimientos que van desde lo más íntimo hasta lo más colectivo, el volumen del vacío, la verdadera concha de habitar es magistralmente esculpida.

  • Las superficies laminares contenedoras de esta casa son muy depuradas; caracterizadas por la simplicidad y la enajenación pragmática de cualquier elemento retórico, las cuales se erigen en formas sencillas pero de gran fuerza expresiva y autónoma. En ningún caso persiguen la sorpresa como tampoco un espectáculo artificioso, no actúan, solo trabajan desde su materialidad. Se presentan con capacidad para profundizar en el ser humano desde una sencillez que permite la aparición de pequeñas cosas desde la verdadera esencia del ser humano reside (se registran múltiples evidencias de estas huellas humanas en el recorrido efectuado en la visita de estudio).

  • Una casa también habita un lote y en este caso se empleó una estrategia osada de “inventarse un (a) medianero (a). para acercarse al máximo al límite construible y poder arrinconar la vivienda de tal forma que se maximizara el área verde y se evitara obtener jardines residuales perimetrales. Tratado con sumo respeto –nada se le adosa- este muro medianero del salón-comedor pareciera una especie de fragmento de ruina al que se le incrustaron los principales dispositivos u objetos del vivir contemporáneo: televisor, biblioteca, chimenea y estantería para colecciones. Con esta operación el arquitecto logró magníficas espaldas para los recintos interiores, evitando una intimidante caja completa de cristal para habitar.

¿Quién no busca intuitivamente en un bar o restaurante una mesa con espalda?

Pero de una visita pausada y saboreada a una obra como está, también afloran juicios más subjetivos y sensibles, que corren el riesgo de no encajar dentro de las intenciones de primer orden de Fuentes; pero pueden rastrear en el mejor de los casos, rasgos culturales impregnados de un fuerte contexto porteño por ende extrapolados a este contexto insular del country.

De su planta alargada y de su materialidad emana un aire tímido de natalidad que rememora una cultura porteña. Soluciones y efectos como: tratar la cubierta a manera de deck invertido o “mirro” del piso, que conduce hacia el camino de la ingravidez, ligereza y liviandad; que apenas parece flotar sobre la casa; la proporción y la penumbra del pasillo que alimenta las alcobas de la primera planta; la posibilidad de habitar decks en algunas cubiertas; la ligereza del cerramiento acabinado del salón comedor; los reflejos del agua de la pileta sobre el cielo del mismo espacio y las proporciones alargadas de los vanos de las habitaciones; hacen que la casa se viva como una embarcación atracada en un astillero a la espera de que la vegetación cubra por completo este “casco habitacional”, de la forma que los corales en las embarcaciones naufragadas lo hacen, otorgándoles una especie de presente perpetuo dispuesto siempre a acoger nuevas formas de vida.

“¿No es el límite el verdadero protagonista del espacio como el presente, otro límite, es el protagonista del tiempo?”

*En Revista 1:100 número 25, agosto 2011.

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