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  • Oscar Fuentes Arquitectos

Una práctica industrial

Actualizado: ene 22

Por Oscar Fuentes


El desarrollo de mi práctica como arquitecto está inserta en la industria de la construcción y -salvo por dos experiencias concretas de obra estatal- en el mundo privado. Debo reconocer que no digo esto de un modo resignado, sino muy por el contrario, es mi intención trabajar en ese campo en el cual el arquitecto debe ser más un técnico que trata de encontrar un espesor cultural a su producción que un artista que trata de expresarse. Dicho de otra manera, no entiendo a la arquitectura como una expresión individual de alguien dotado con un determinado talento, sino como una práctica colectiva en la que el arquitecto es solo alguien con un saber específico.

Esto me ha llevado a estar más atento al estudio de las estructuras arquitectónicas de las obras -especialmente los desarrollos tipológicos- que a la búsqueda de particularidades en el diseño y expresión de las partes. Trato especialmente que mis obras encuentren su principal característica en su organización -entendiendo por tal las relaciones de estructura, funcionamiento y espacio- dejando que las partes se definan del modo más anónimo posible.

No es casualidad que el grueso de mi práctica consista en vivienda colectiva de diferentes densidades: es este un campo en el cual es indispensable estar más atento a las demandas tipológicas que a las de representación.

Sé perfectamente que esta vocación me coloca en las antípodas de los desarrollos arquitectónicos de las últimas dos décadas, pero creo que los arquitectos no podemos aceptar acríticamente la regresión que han implicado las búsquedas que dominan la escena y llenan las páginas de cuanta publicación de arquitectura (y aun mas allá) se precie hoy de estar al día.

Mi trabajo trata, en este sentido, de trabajar con los mínimos márgenes en los que las condiciones de producción -regidas por la economía, los marcos regulatorios, las características específicas de la industria de la construcción en las que se inserta cada obra, etc.) me permiten desarrollar ideas que coloquen a las obras en un marco cultural. Este tipo de práctica lleva a renunciar a imponerle a las obras una complejidad que no demandan, exige ser consciente de los límites de las opciones posibles. Pero mucho más, a la renuncia de imponer a las obras un carácter que no demandan en absoluto.

Estas definiciones podrían ser vistas como conservadoras o resignadas, pero muy por el contrario, creo que nos permiten concentrarnos en los verdaderos problemas que los arquitectos debemos enfrentar.

Pero también este tipo de reflexión rige mis obras de carácter público. Los dos parques que he construido (ambos lamentablemente inacabados), están regidos por estas mismas ideas: tanto el Parque Central de Mendoza como el Hipólito Yrigoyen de Rosario parten de premisas específicas cuyo carácter nunca es aspiración de expresión personal. Ambas obras presentan el mismo tipo de indagación en características objetivas -y repetibles- de su particularidad, más que preocupaciones por buscar un carácter único e irrepetible.

Y si creo que esta vocación por lo repetible, colectivo e impersonal, debe verificarse tanto en obras privadas como públicas, creo que el campo en el que éticamente mas debe verificarse es en el de la vivienda particular. Este campo, fértil en sus posibilidades de investigación debido a la libertad de programa y escala, es una oportunidad única para buscar los modos en los que este tipo de práctica, que elude las particularidades y personalismos, puede encontrar -sin caer en retóricas innecesarias- el carácter pertinente que muestre el sentido de estas ideas.

También el de la vivienda colectiva de baja escala se ha mostrado como un campo con muchas posibilidades de investigación y opciones. Los desarrollos que se producen a partir del encuentro de normativas y demandas -que por la escala se vuelven más laxas- con parcelas de tamaño mínimo, junto a aspiraciones de permitir modos de vida diversos, me han posibilitado desarrollar obras que, como el edificio en Villa Urquiza, buscan encontrar posibilidades tipológicas que los grandes desarrollos imposibilitan. Es cierto que cada escala tiene su diversa línea de opciones, pero las obras de vivienda de pequeña densidad se han mostrado más permeables a líneas de investigación que abren el campo de posibilidades a los que este tipo de práctica puede aspirar.

Mi búsqueda, hoy, consiste en tratar de encontrar de que modo estas aspiraciones -de un carácter primariamente ético- alcanzan su lógica estética.

*En Tierra Agua, Javier Mendiondo, Marco D'Annuntiis, Eduardo Castellitti, Gianluigi Mondaini y Marco Burrascano, dgb.books, 2010-2011.

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