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  • Oscar Fuentes Arquitectos

Tensión máxima

Actualizado: 19 ago

Por Fernando Diez


El trabajo de Oscar Fuentes con la vivienda colectiva de alta intensidad tiene ya una larga lista de realizaciones donde el aprovechamiento del espacio es un desafío y la arquitectura se impone el deber de resolver la vivienda urbana en mínima superficie. Es en la escasez de la vivienda económica donde la distribución y la combinación se hacen críticas, cuestiones que Fuentes abordó en obras como las viviendas en hilera de la calle Martínez Castro 723, donde el encastre de cada pieza tiene la complejidad de esos puzles de madera de tres dimensiones, o en las viviendas en hilera de la calle Moliere 1350, también en Buenos Aires, donde la delicada modulación de las fachadas resuelve la intensa repetición de los delgadísimos departamentos (Summa+ 55, 2002).


Cada centímetro cuenta en este terreno donde la viabilidad de un proyecto se define en el número de unidades y en sus condiciones de habitabilidad. El proyecto está sometido a las máximas presiones y la arquitectura debe encontrar la manera de aportar calidad sin recurrir a la cantidad. En el edificio de Villa Urquiza (Summa+ 71, 2005), Fuentes exploraba las posibilidades arquitecturales de las escaleras de acceso, para dignificar los departamentos de una parcela de esquina especialmente condicionada por los códigos de edificación. Fuentes ha desarrollado el ingenio y la resiliencia para operar en donde no parece haber opciones, en los resquicios de una superficie indeformable y de un presupuesto inelástico. Eso se reconoce en decisiones como la colocación a medios niveles de los departamentos del frente y el contrafrente de este edificio de la avenida Entre Ríos, lo que le permite modular el espacio de los halles y la escalera de un modo tan económico en superficie y elegante en disposición como no podría hacerse con ambos bloques a igual nivel.


No es que Fuentes no tenga desarrollados proyectos en otros programas y circunstancias, pero debe reconocerse que en este asunto de las superficies mínimas se ha convertido en un experto. Aunque ya tenía algunas obras construidas parcialmente en acero, las circunstancias inusuales de la economía argentina le abrieron la oportunidad para trabajar en acero un edificio completo con departamentos de este tipo, es decir, donde las dimensiones mínimas imponen la máxima tensión al proyecto.


Visitamos el edificio con Fuentes para recorrer halles y departamentos y, sobre todo, explorar los balcones, que es donde el acero se hace visible en una expresión que es elocuente sin ser retórica.


Fernando Diez: ¿Qué te lleva en este caso a preferir el acero, hay una razón estrictamente arquitectónica?


Oscar Fuentes: La decisión de trabajar en acero en realidad viene de un interés que ya se manifestó en otras obras, algunas publicadas ya por ustedes (Libertador 222, tapa de Summa+ 12, 1995) que en realidad eran ampliaciones de edificios existentes. La ventaja de contar con una construcción más liviana y rápida hizo del acero una opción ventajosa. Sí hice una casa en acero en un country desde cero (la casa Dresl) y siempre me había quedado la vocación por hacer un edificio con acero desde el principio. Tuve la opción en este caso porque mi cliente tiene una gran vocación de construir en acero (es técnico mecánico además de estar muy interesado en opciones de construcción no convencionales) y decidimos trabajar en acero. El interés era entonces explorar una técnica para la que en principio no tenía la experiencia de haber construido en esta escala y explorar las posibilidades de uso en un contexto extremo de una parcela urbana muy angosta.


FD: A primera vista podría pensarse que la menor sección de las estructuras metálicas permitiría optimizar las superficies de planta, ¿es eso cierto?


OF: Sí, es cierto que el acero permite secciones menores que el hormigón armado y en muchas obras con estructura de hormigón suelo usar piezas de acero donde quiero reducir la sección de las partes. E incluso llegué a construir una casa (la casa Dresl) donde la estructura era la carpintería metálica: las ventanas sostienen en el techo de la casa. En edificios de este tamaño las diferencias no son tan significativas porque las columnas empiezan a tener grandes solicitaciones al pandeo y entonces terminan teniendo secciones importantes. Lo que quizás pueda decirse es que visualmente el acero es más liviano que el hormigón y si se opta por dejar expuestos los perfiles de acero (como elegí en este caso) se lo ve menos pesado que una columna que ocupe la misma superficie. En edificios de mayor tamaño el acero sí marca diferencias, tanto en las columnas como en las vigas, ya que la posibilidad de trabajar con secciones huecas (ya sea en vigas o incluso tabiques reticulados o con alma calada) permite lograr piezas visualmente mucho más livianas en comparación con el hormigón. En este punto cuenta también cuál es el ignifugado elegido, ya que este puede empezar a ser más voluminoso que las mismas piezas de acero.


FD: Al interior, la estructura de acero es poco visible, pero en el exterior los balcones te dan la oportunidad de una expresión del material…


OF: Desde un principio decidí que en el exterior se iba a manifestar la estructura y que iba a explorar sus posibilidades al máximo. De ahí los balcones de reja, la medianera de chapa, la viga que funciona además como baranda, los tensores, etc. No me preocupaba que la estructura se manifestara en los interiores y esto es ya una posición personal: veo que la expresión arquitectónica es un problema del orden de lo público y que los interiores de las unidades forman parte de la esfera privada de los habitantes. El edificio es finalmente un edificio de departamentos pequeños –y si bien barajé en principio la opción de manifestar la estructura en el interior– me pareció que traía problemas constructivos para la resolución de espacios de uso privado que son muy pequeños.


FD: La idea de que los balcones cuelguen de una estructura superior en vez de ser la prolongación de la estructura de cada piso, ¿cómo se te ocurrió?


OF: La solución de colgar los balcones es una solución que ya había usado en el edificio de la calle San José 353. Si bien en ese caso la estructura principal es el hormigón armado, la decisión del uso de los balcones colgados tuvo el mismo origen en esta obra: optar por no someter a las vigas de fachada a la torsión a la que la someterían los balcones y sí hacer ese gasto en desarrollar una estructura algo más dramática. En el edificio de San José, los pisos de los balcones también son de reja, pero ahí se debía al ancho de la calle que era muy angosta. En este caso los balcones son transparentes para poder ver la fachada en su totalidad con todos sus detalles expuestos. De hecho, las vigas-barandas forman parte de una decisión tanto técnica como estética.


FD: Hay un mayor esfuerzo estructural, en el sentido de hacer subir las cargas para luego bajar, ¿cómo se compensa eso?


OF: La decisión de subir las cargas por vía de los tensores no genera sobrecostos por una razón sencilla: en acero –a diferencia del hormigón– es muy difícil cambiar la sección de las columnas al ir hacia arriba. Lo común –sobre todo si quedan expuestas como es este caso– es que la sección sea continua con la medida de la solicitación máxima. Por otro lado, al no someter a las vigas de frente a torsión, su sección es menor, y los tensores tienen una sección que no tendrían si fueran usados como columnas a comprensión. El único sobredimensionamiento de esta decisión es el de las ménsulas superiores, pero es un precio –además de mínimo– que valía la pena pagar.


FD: En el edificio Lake Shore Drive el acero está pintado de negro, también en muchos otros edificios de acero expuesto de Mies… ¿Por qué el color blanco en tu caso?


OF: No tengo en mis obras ninguna vocación de homenaje ni de cita. Sí me interesa trabajar en tradiciones y soy consciente de ello todo el tiempo. En este caso el color fue una opción, ya que yo quería que fuera todo homogéneo, como las medianeras, o sea plateado. Lo que ocurre es que la pintura intumescente –que funciona como protección contra-fuego para el acero– solo viene en color blanco y no se le puede sobre-pintar para no perder la certificación necesaria por normas. Hicimos una prueba, y comprobamos que el color blanco funcionaba bien con el plateado en cuanto a la homogeneidad buscada así que fue la opción elegida. Por otro lado, nunca hubiera optado por el negro por una razón: la fachada principal está orientada al Oeste y temía las consecuencias del color negro por el calentamiento al que sometería a las piezas. Algunas, como los tensores o las chapas de medianera, podían verse deformadas y preferí –por ahora– no correr el riesgo.


FD: ¿Cómo fue la experiencia de la construcción? ¿Hay empresas preparadas para trabajar estas estructuras de montaje más rápido pero que también exigen grúas y trabajar en el vacío?


OF: Es significativamente menor la cantidad de empresas que uno tiene como opción para trabajar en acero en comparación con el hormigón. Las empresas que tienen la escala, equipamiento y logística para llevar adelante edificios de estas características son muy pocas. Pero la experiencia es absolutamente diferente a la construcción de hormigón. Es, definitivamente, un entorno tecnológico distinto y especial. Montar la estructura de a cuatro pisos por vez, con el personal trabajando en el vacío, la tecnología puesta en juego, por ejemplo en esta obra debimos recurrir a una grúa que levantara las piezas de baranda del contrafrente a cuarenta metros de altura y a treinta metros de distancia del apoyo. También debemos considerar que la construcción es una actividad que cruza industrias de tolerancias muy distintas: la mampostería y el hormigón se manejan con tolerancias que se miden en centímetros, en tanto el aluminio y el acero se miden en milímetros o décimas de milímetro. El encuentro de diferentes tolerancias tiene que ser pensado en los detalles tanto como los coeficientes de dilatación de uno y otro y sus características: la unión de materiales flexibles con otros frágiles es muy problemática, y en este campo el acero es más flexible que el hormigón.


FD: A partir de esta experiencia, ¿volverías a usar acero, qué cambiarías?


OF: Ya estoy trabajando en nuevas obras en acero y a partir de la experiencia de este edificio me encuentro más seguro para tomar decisiones sobre ciertos aspectos clave. El primero, explotar más algunas características del acero. Por ejemplo estamos trabajando con una gran empresa de construcción en acero (Idero) en el desarrollo de edificios prefabricados. Estamos desarrollando prototipos para terrenos típicos de la ciudad en distintas normativas (aplicando el típico terreno de 8,66 para zonificaciones tanto R2b como R2A). El poder llevar la mayor cantidad de pasos de la obra al taller optimiza y hace más predecible la construcción. Por otro lado, la experiencia de este edificio nos hizo ver ciertos problemas y encontrar soluciones que vamos a aplicar en próximas obras. Estamos pensando también en llevar el acero a otros componentes de la obra, además de la estructura y las medianeras. En uno de los proyectos en que estamos trabajando estamos diseñando paneles de fachada metálicos, lo que obviamente va redundar en que el acero va a determinar completamente el carácter de la obra.


FD: ¿Puede ser interesante una combinación más intensa entre acero y hormigón?


OF: Sí, quiero desarrollar en nuevas obras otra relación del acero con el hormigón. En esta obra el hormigón existe en los elementos resistentes al viento (los núcleos de ascensor y la escalera) y fue un gran error: trasladamos los tiempos del hormigón a la construcción en acero ya que las partes de hormigón estuvieron siempre muy atrasadas provocando complicaciones que atrasaron la obra. Estamos trabajando en unir el acero con elementos prefabricados de hormigón, la idea es trabajar con procesos que tengan el mismo tipo de control en las diferentes tecnologías y esto puede lograrse llevando al taller la producción de las partes de hormigón.


FD: ¿Hay obras que miraste o que te sirvieron de referencia para esta obra?


OF: No creo que haya una obra que esté presente directamente, pero esos son procesos mentales que uno no siempre domina. Hay muchas obras en acero que me interesan, innumerables. Por otro lado siempre me interesaron los edificios con la fachada colgada (como el caso del edificio Pirelli o el primero de ellos, el edificio El Pilar en Montevideo), el uso de las bielas (considero a las gerberettes del Pompidou una de las ideas más brillantes del encuentro entre ingeniería y arquitectura), que logran lo inverso del caso de las fachadas colgadas: una fachada con piezas tensadas hacia abajo, o el tratamiento de un modo elementarista de los perfiles. Pero si tengo que dar un solo nombre pensando en el uso del acero, es el de Jean Prouvé.


Hasta los años 30, los edificios altos de Buenos Aires se construían indefectiblemente en acero, la Guerra Mundial interrumpió esa tradición y, desde entonces, este es posiblemente el primer edificio alto de departamentos que se ha vuelto a construir con acero estructural en la ciudad. Tal vez las ventajas económicas que lo hicieron posible no persistan, pero ha despertado en los arquitectos locales una curiosidad y un interés que prometen producir nuevos resultados. Oscar Fuentes ya está en ese camino.


*En Revista Summa+ número 152, 2016, p. 104-111.

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