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  • Oscar Fuentes Arquitectos

Entrevista en Revista 1:100 Número 25

Actualizado: ene 22

Por 1:100


Conocer a Oscar Fuentes nos llevó poco tiempo.

El primer contacto lo tuvimos al realizar el número dedicado a Felipe Uribe y por esos días unos llamados telefónicos e intercambios de correos alcanzaron para darnos cuenta de la pasión y energía con la que Oscar se relaciona con la arquitectura.

Pasaron unos meses y retomamos el contacto…

Queríamos plasmar su conocimiento en una revista y que muchos más se interesen, como nosotros, en sus obras y experiencias. Al visitarnos en la redacción comenzamos a escucharlo. Empezamos hablando de su trabajo actual pero rápidamente la charla se desvío a la obra de Salamone, películas imperdibles para él (The Juche idea), o sobre lo mucho que le gusta escribir. Durante los posteriores encuentros charlábamos sobre Adolf Loos y su crítica a la Secesión Vienesa y el famoso libro “Ornamento y Delito”.

Así comenzó y así continuó.

Haciendo foco

“Las dimensiones pública y cultural de nuestra disciplina (y el compromiso que crean) van desapareciendo en todo el mundo ante una práctica cada vez más privada y centrada en resolver intereses particulares... (...) Lo que debería ser el espacio de la reflexión y la investigación se ha convertido en otra instancia de la lógica mercantil. Y hasta la existencia de disidencias en estos espacios es funcional a esta lógica”.

"Y lo más extraño es que una gran mayoría entiende como verdad –o como natural– que todo lo que se produce es mercancía; ni siquiera una verdad ganada, sino una racional realidad intravenosa de facto, y heredada, como levantar los brazos o decir 'mamá'."

"Si buscamos la ganancia, en provecho, el beneficio (mi querido “profit”) en todas nuestras prácticas, no lloremos al noticiero porque somos responsables de repetir-repetir y no repensar."

"Si el cobijo se fundó bajo estas ideologías austeras de amor, el mundo tendrá cimientos de guerra (… y el futuro llegó hace rato)."

Oscar Antonio Fuentes, a quien le debemos ese primer párrafo, es arquitecto; nació en Avellaneda en 1959 y recibió su título en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo, en la Universidad de Buenos Aires en 1986. Afortunadamente, nos hemos enterado que esta profesión no ocupa su tiempo únicamente en construir. Y afortunadamente nos hemos encontrado con personas que consideran que su labor dialoga con la sociedad y construye, literal y metafóricamente, el mundo que pisamos y respiramos todos los días. Entonces no son sólo ladrillos y hay miles de sensaciones y sentimientos en juego. Estamos edificando los marcos palpables y virtuales de la vida de todos los que habitamos el mundo.

Es hora de trabajar.

Reconforta saber que el arquitecto Fuentes ha desperdigado sus conocimientos en cabezas jóvenes, tanto como Miembro del Comité Ejecutivo y Profesor Titular en la Universidad Torcuato Di Tella, como Profesor invitado de “Forma, materiales y proyecto” en la Universidad Nacional del Litoral, por citar algunos ejemplos. Si las mentes frescas de hoy absorben esa sed congelada de beneficios con daños colaterales, los arquitectos “seguiremos siendo estigmatizados como una corporación de intereses particulares”.

Es una tarea difícil desanudar todos los entramados que la abundancia de información frívola y claramente unidireccionada incrustó en los pensamientos, y, sobre todo, y más que nada, en los espacios en y de construcción de la fresca juventud.

“Ante determinadas imágenes (en referencia a la alta tecnología), los jóvenes suelen preguntar cuándo se van a hacer edificios así en nuestro país, cuando la pregunta debería ser para qué tiene que haber edificios así”.

Fuentes es curioso, apasionado por la cultura, y un relector de imágenes. Y pone en evidencia las frialdades del gran tamaño, de proyectos ya no pensados para un sitio específico sino para funcionar en los medios de comunicación. La gran visibilidad de una obra colosal, monumental, utiliza –escribe Oscar Fuentes – como recurso del poder político de la sociedad capitalista para manifestar sus valores en la ciudad y prevalecer económicamente, ha reemplazado la actividad arquitectónica que escucha las demandas sociales por una serie de estrategias de marketing. Y no sólo es la gran escala el medio de distorsión, sino que su extremo opuesto – “parece cerrarse sobre sí mismo, quedando a mitad de camino entre la arquitectura y la instalación… (…) La pequeña escala se ha convertido no en el desafío de investigar fuera de las mediaciones de la industria de la construcción, sino en la coartada para evadir los necesarios compromisos que toda obra de arquitectura debe asumir, para liberarse de todo límite que cierra puertas a la ansiada visibilidad inmediata”; y mediática, agregamos.

Tanto desde su espacio en la revista como en su práctica de profesor universitario, Oscar Fuentes transmite conceptos de la actividad que a veces parecen exceder sus límites pero que son tan fundamentales, básicos y relevantes que puede observarse en todos los aspectos de la cotidianeidad, donde el abrazo, el tacto y el contacto, la comunicación y la maravillosa sensación de compartir, parecen células muertas, invisibles.

Para estar atento hay que trabajar; y para empezar es muy importante escuchar. Prestemos atención a los maestros, a los abuelos, y después pintemos con nuestros propios colores. Es hora de trabajar.

¿Qué lo llevó a ser arquitecto?

El personaje de David Vincent, de “Los invasores”. Él peleaba solo para salvar al mundo, eso me generaba una identificación muy grande. Cuando hablan de arquitecto heroico, yo siempre pienso en él.

Y esto no es una ironía, en realidad desde muy chico quise ser arquitecto, y lo mantuve ante presiones de mi madre, de maestras –para optar una carrera “más rentable”. Lo sostuvo quizás más por terco que por esclarecido, así que elegí hacer un secundario industrial para estar en contacto con la arquitectura cuanto antes y hasta acá llegué. (Ahora sé que por terco).

¿Qué influencias ha tomado a lo largo de su carrera?

Mi gran influencia fue Le Corbusier. Leí “Hacía una arquitectura” a los 14 años, y el encuentro de esa prosa con el cerebro de un chico fue explosivo. Eso me confirmó que quería ser arquitecto, por eso digo que fue mi gran influencia, no porque crea hacer una arquitectura que tenga algo que ver con la suya. Después tuve muchas influencias, de muy diferentes tipos, pero nada tuvo el impacto de aquel encuentro.

¿Qué proyecto marcó un antes y un después en su carrera?

Sin duda la casa Dresl, ya que fue la primera obra que hice después de tener durante algunos años un estudio con otros dos socios, en el que habíamos llegado a trabajar en varios proyectos grandes, pero a causa de lo repentino del acceso a esos encargos y nuestra juventud siempre sentí que las cosas se nos iban de las manos.

La casa Dresl fue la que me decidió a comenzar a trabajar solo y desde pequeñas obras donde pudiera estar más cómodo con los proyectos y obras. Esa decisión y el primer resultado –la casa- me hicieron sentir más seguro con lo que hacía.

¿Cuáles son los aspectos que más le interesan de la arquitectura?

Me interesa la arquitectura como actividad creadora del entorno de la vida de la sociedad. Por eso me interesa tanto los aspectos materiales –los que definan las condiciones de bienestar– como los aspectos culturales –los que definen el funcionamiento simbólico de nuestras ciudades.

¿Cuáles son los principios básicos que rigen su arquitectura?

No hay una cosa que pueda llamarse mi arquitectura. Lo que si trato de hacer en los proyectos y obras que llevo adelante es tratar de pensarlos tanto en su dimensión específicamente particular, como en sus aspectos más generalizables.

¿Qué importancia le da al uso de los materiales? ¿Cómo los emplea?

La importancia que le doy es máxima, ya que pienso los proyectos con los materiales, no hay un momento de proyecto y otro de materialización.

¿Suele volver a las obras para ver cómo están?

Si, siempre que es posible, trato de ver cómo funciona lo que proyecté. Lo notable es que siempre es sorprendente, como nunca las cosas funcionan exactamente como yo creía, la gente ve las obras de un modo muy particular, que poco tiene que ver con nuestras prefiguraciones. Lo que es bueno, quiere decir que la gente siempre se apropia de las obras. Esto me lleva a estar cada vez más en contra de todo determinado funcional.

¿Cuál es su postura frente a la enseñanza de la tecnología en la arquitectura y la arquitectura en general? ¿Qué cree que es lo más importante en la formación de un arquitecto?

Creo que el primer error que se comete es producir un corte en la enseñanza de la construcción y del proyecto. Es claro que cada tema tiene su especificidad, pero el modo en que se enseñan en nuestras escuelas hace que prácticamente todos los alumnos vean en la construcción como algo que fatalmente va a arruinar sus diseños, liberados de toda carga tectónica. Por eso se ven tantos edificios en los cuales los materiales son tratados como en un dibujo. El dibujo se convirtió así en un fin en si mismo, no en un instrumento. Es uno de los peores legados del post-modernismo, cometido especialmente por gente que declama defenestrar el post-modernismo y en realidad no ha salido de él.

¿Cómo cree que debería emplearse hoy día la tecnología en la arquitectura de nuestro país, de nuestra región?

Creo que el tema de la tecnología es abordado muchas veces de un modo supersticioso. Para un arquitecto los materiales y técnicas de construcción con los cuales construir deberían ser los más pertinentes a cada obra a partir de las circunstancias específicas. No creo ni en una supuesta visión regional encarnadas por técnicas exclusivamente locales, ni en un consumo indiscriminado de tecnologías importadas. Debemos insertarnos en la lógica de producción de la industria de la construcción y no ser simples consumidores de técnicas. Y el modo inserción debe ser el más racional y el menos retórico posible.

Actualmente está realizando varias obras. ¿Cómo se constituye su estudio y cómo se da la forma de trabajo?

Hoy en el estudio somos once personas y estamos creciendo. Tratamos de tener un control bastante importante sobre lo que producimos y seguimos una lógica de trabajo altamente flexible, o sea, cualquiera puede pasar de trabajar en un anteproyecto a controlar una obra a hacer una documentación. Esto que no parece muy efectivo, hace que todos en el equipo vayan creciendo en cuanto a su formación como arquitectos y por consiguiente se verifique en la producción. Especialmente en un aspecto específico del proceso genera deformaciones profesionales.

¿Qué espacio ocupan los concursos en su labor profesional?

Lamentablemente poco. He hecho pocos concursos, (no más de 10), he ganado dos menciones y por diferentes motivos no quedé satisfecho, ni siquiera con los ganados. Me dedico mucho más a los encargos privados, que si bien son restrictivos en cuanto a las técnicas son concretos en cuanto a su posibilidad de ser llevados adelante.

¿Cómo ve el tema de la vivienda social en la Argentina?

El tema de la vivienda social tiene hoy en Argentina una circunstancia muy particular. En los últimos 5 años se ha construido mucho, más que en los últimos 20. El Plan Federal de Vivienda ha revertido un problema que es estructural: la única manera que los sectores de menos recursos acceden a una vivienda en una economía industrial es a través del Subsidio del estado. Obviamente hay actores políticos que al llegar al poder no asumen esta responsabilidad innegable del Estado, que por suerte no es el caso de los actuales gobernantes. Al principio, el Plan fue sólo visto como una política Keynesiana para salir de la crisis, lo que generó conjunto de vivienda sin ninguna reflexión sobre su inserción a la trama urbana. Ahora se empieza a ver un cambio al promover la organización de cooperativas para su construcción (en lugar de grandes empresas) lo que no garantiza la resolución automática del problema, pero abre un campo de trabajo más flexible. Ahí los arquitectos tenemos una gran responsabilidad y oportunidad.

¿Se inclina por algún tipo de arquitectura que pueda observar a nivel internacional?

Me interesan arquitectos puntuales, que no forman ningún movimiento, son simplemente arquitectos que producen excelentes obras, que reflexionan sobre ellas, pero que no veo posibilidad que se constituyan en un movimiento.

¿Qué rumbo cree que está tomando la arquitectura actualmente?

Si uno se deja llevar por los medios más importantes, a la irrelevancia más absoluta. O sea el (rumbo) de la desaparición de la arquitectura como Arte de construir para convertirse en otra cosa, más cercana al marketing (de instituciones, empresas o personas) que a las necesidades de la sociedad. Es muy notable verificar las similitudes que existen entre este momento y los principios del siglo XX, lo terrible es que se está imponiendo el equivalente contemporáneo al Art Nouveau y en vez de un Karl Kraus tenemos a la Teoría institucional del arte.

¿Qué otros intereses tiene aparte de la arquitectura?

En realidad, la arquitectura es mi otro interés.

¿Qué obra y de que arquitecto le hubiese gustado hacer a usted?

La casa de Nirvana de Vicente Krause. Es una obra que encarnó el ideal de arquitectura sin retórica del Neo-brutalismo (de un modo que no Peter & Alison Smithson alcanzaron), y que por esa causa pagó con la invisibilidad que todavía tiene a casi 50 años de su construcción. Es sin duda una delas mejores obras de arquitectura construida en la Argentina.

*En Revista 1:100 número 25, agosto 2011.

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